CUENCA

El grafiti: ¿vandalismo o sentimiento?

La campaña antigrafitis acumula 45.000 euros en sanciones mientras crece el debate sobre si estos son un problema o una forma de expresión artística urbana

El arte urbano no es nada nuevo. En los últimos años, Cuenca ha visto cómo se ha intensificado un fenómeno que hace tiempo que opaca las calles. Los grafitis comenzaron como simples pintadas en muros aislados y apartados de las calles principales de cualquier ciudad, pero en la capital conquense todo parece haberse descontrolado. Estas pintadas han derivado en un debate local sobre imagen urbana, coste económico y libertad de expresión artística, lo que ha precipitado al Ayuntamiento a poner en marcha campañas más estrictas para combatir estos «actos vandálicos».

Según datos oficiales del Ayuntamiento de Cuenca, las autoridades han impuesto numerosas sanciones a grafiteros desde 2024. Multas de hasta 1.500 euros u obligación a servicios de limpieza en daños producidos en fachadas y mobiliario urbano son algunas de las sanciones conocidas. Entre abril y julio de ese mismo año se notificaron más de veinte sanciones bajo la Ordenanza Municipal para la Protección de Espacios Públicos y la Convivencia Ciudadana. Denuncias que han seguido incrementándose durante el año 2025, donde se han seguido firmando expedientes sancionadores por parte de la Policía Nacional, que identificó y detuvo a infractores, incluyendo a menores de edad.

La mano dura proviene de la preocupación que existe por el impacto del grafiti no autorizado en la estética urbana conquense, especialmente en el casco histórico. Sin embargo, el debate no cesa: ¿son los grafitis simples actos de vandalismo o algunos pueden convertirse en formas de expresión artística?

El problema de los grafitis no cesa

Cada persona tiene una opinión válida sobre el arte urbano, pero está claro que en Cuenca el grafiti representa, en su mayoría, vandalismo urbano. Para muchos responsables municipales y ciudadanos, estos actos damnifican las calles de la ciudad, deteriorando su imagen y destrozando fachadas. Esto obliga al Ayuntamiento a desplazar recursos públicos para su eliminación, lo que aumenta la situación de descontento.

Es por ello que, ante la problemática, se han gestionado campañas antigrafitis por toda Cuenca, acumulando hasta 45.000 euros en multas a día de hoy. Estas campañas se apoyan en la cooperación ciudadana y en la intervención de cuerpos de seguridad como la Policía Nacional. Uno de los casos más destacados ocurrió en marzo de 2024, cuando se detuvo a un grafitero por causar daños valorados en 18.000 euros.

Grafiti en el tejado del pabellón «El Sargal / Fuente: Martín Esteban Hevia

Por otro lado, la asociación StopGraffiti, creada en diciembre de 2024, ha sido uno de los colectivos más relevantes en contra de las pintadas. Esta plataforma recoge firmas para conseguir medidas municipales, además, ha registrado hasta 590 pintadas en la ciudad y sus alrededores, con la intención de concienciar a los vecinos conquenses.

Pero no todos ven este fenómeno como algo negativo. Un miembro del partido Frente Obrero, que prefirió guardar su identidad, explica la visión que tratan de aportar ciertos grafitis:

«Nosotros salimos y pintamos, es nuestra manera de darnos voz. Cuando haces un grafiti, todo el mundo se da cuenta de lo que pone, todo el mundo lo ve, así representamos la cruda realidad

Esto pone otra mirada sobre la mesa. Hay personas que usan el arte urbano como forma de protesta, dejando de lado la cuestión estética o la diversión. Según el miembro del partido, es la única forma de «llamar la atención», sirviendo como método de protesta social.

La mirada del arte

Como se aprecia, los grafitis son, en su mayoría, manchas de color sin sentido y que resultan desagradables, pero su presencia es primordial para completar el espacio urbano y la imagen de la ciudad. Es evidente que no todas las pintadas son adecuadas, y menos cuando se ejecutan en un complejo histórico como lo puede ser la catedral conquense. Quejas diarias, movimientos como StopGraffiti y sanciones, todo para parar algo que no tiene intención de hacerlo.

Existe una corriente a favor del arte urbano. Esta, formada en gran parte por jóvenes, reivindica el grafiti como un medio legítimo de expresión cultural y artística. «Creo que los dibujos y grafitis le aportan un toque de vida a Cuenca, siempre me gusta fijarme en ellos de camino a la universidad», asegura Iván Miñano, estudiante de la UCLM. Algo que también puede verse en otras ciudades españolas, europeas e internacionales.

Según estudios y experiencias, el grafiti (cuando se gestiona de forma correcta) puede contribuir a la revitalización de áreas urbanas y atraer turismo cultural. Además, estas pinturas pueden inspirar a cualquier persona. «Muchos de los trabajos que hago son inspirados en obras de Banksy», afirma Helena Gómez, estudiante de Bellas Artes. Para muchos jóvenes, los grafitis son una forma de comunicación alternativa que permite expresar sentimientos.

Grafiti fachada del pabellón «El Sargal» / Fuente: Martín Esteban Hevia

Todos los argumentos nos dirigen hacia un mismo lugar. Cuenca vive un pulso constante entre la preservación de su imagen y la aparición excesiva de grafitis. Las cifras oficiales reflejan que el Ayuntamiento considera este fenómeno como un problema real que afecta a la convivencia y patrimonio urbano de la ciudad. La creación de asociaciones y la intervención de la Policía Nacional demuestran que la preocupación social e institucional es creciente.

Sin embargo, más allá de las sanciones otorgadas, el grafiti sigue siendo una herramienta de identidad, expresión y creatividad para muchos jóvenes. Esto propone un nuevo reto para los conquenses: encontrar el equilibrio que permita diferenciar el vandalismo del arte urbano.

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