El Cuerpo de Bomberos de Cuenca frente a la crecida del Júcar
Desayunar, ponerse los zapatos, ajustarse el abrigo. Entre los rituales cotidianos de quienes salen cada mañana de casa en Cuenca, en las últimas semanas se ha sumado uno más: comprobar que el paraguas está en la mano. Y, si no lo está, volver sobre los propios pasos antes siquiera de haber cruzado la puerta. La lluvia ha dejado de ser un simple acompañamiento invernal para convertirse en una constante que ha marcado el ritmo de la ciudad en los últimos días.
Para muchos ha sido una incomodidad persistente que, por fin, ha terminado. Para otros ha supuesto un escenario de riesgo real. Tras semanas de borrascas encadenadas, el caudal del Río Júcar a su paso por la capital llegó a situarse en nivel rojo, superando ampliamente los umbrales habituales y rozando en distintos momentos los 300 metros cúbicos por segundo, según los datos de seguimiento hidrológico difundidos por el Ayuntamiento de Cuenca tras activar la alerta a la población. Una crecida que obligó a mirar al río desde otra perspectiva: la de la vigilancia permanente.
En este contexto de inestabilidad meteorológica y riesgo de inundaciones, el Servicio de Bomberos de Cuenca ha visto multiplicada su actividad diaria. Las llamadas se suceden y es la central quien “cataloga la importancia” de cada aviso, explica Ivan García de León, un joven bombero recién llegado al Cuerpo de Bomberos de la ciudad. “A partir de ahí, se movilizan los recursos disponibles hacia el punto indicado, priorizando siempre las situaciones más urgentes”, añade.
Protocolos de actuación
Ante el aumento del caudal y el riesgo de inundaciones, se activó el PRICAM, el Plan Especial de Protección Civil ante el Riesgo de Inundaciones de Castilla-La Mancha. Este protocolo que coordina a distintos cuerpos y administraciones en función de la gravedad del episodio. A través de un comité de seguimiento, se evalúa la evolución del temporal y se determina la fase de actuación. Su puesta en marcha permite anticiparse a posibles escenarios críticos y organizar la respuesta antes de que la situación se agrave. “Estos días, a través del PRICAM se nos ha ido informando a cada uno de nuestros mandos la desescalada”, explica Iván García de León.
La activación del PRICAM se produjo el 5 de febrero de 2026, inicialmente en fase de alerta para toda Castilla-La Mancha ante las previsiones meteorológicas adversas y el seguimiento de los principales cauces. En el caso de Cuenca, la medida respondió al rápido aumento del caudal del Júcar y al riesgo concreto de inundaciones en puntos sensibles de la ciudad. Esto implicó un refuerzo de la vigilancia, el cierre preventivo de zonas cercanas al río y una coordinación permanente entre el Ayuntamiento, Protección Civil y el Servicio de Bomberos de Cuenca. “Han sido unos días muy caóticos, la verdad. Pero aquí parecen estar todos más que acostumbrados”, explica el recién llegado al Cuerpo de Bomberos.
Trayectoria de desbordamientos
Y para no estarlo. Aunque no existe un registro oficial detallado que recopile todos los desbordamientos del Río Júcar a su paso por Cuenca, los episodios de crecida forman parte de una realidad recurrente para la ciudad. En enero de 2026, el desembalse del pantano de La Toba junto a las lluvias obligó a restringir el paso a zonas cercanas al río y a reforzar la vigilancia en puntos urbanos sensibles. Tampoco es un fenómeno aislado en el tiempo: en febrero de 2021 el Júcar ya registró incrementos significativos, superando los 90 metros cúbicos por segundo, y en marzo de 2025 las lluvias intensas combinadas con el deshielo elevaron de nuevo el caudal por encima de los niveles habituales, lo que llevó a activar dispositivos preventivos por parte de la Policía Local.
Una sucesión de episodios que explica por qué la ciudad ha aprendido a convivir con el río desde la cautela y por qué cuerpos como el Servicio de Bomberos de Cuenca mantienen una vigilancia constante cuando el cielo se oscurece y el agua empieza a ganar terreno.
Esa observación permanente se traduce también en una organización precisa de las intervenciones, especialmente en momentos de desescalada, cuando pueden coincidir varios avisos al mismo tiempo. Es entonces cuando entran en juego los protocolos de emergencia, que activan a distintos cuerpos y servicios, no solo a los bomberos, para repartir recursos y responder de forma coordinada.
Prioridades en caso de emergencia
En ese entramado de decisiones rápidas, el criterio es claro: la vida humana está siempre por delante. Iván García de León explica que, si una dotación se encuentra inmersa en una actuación de especial gravedad y no puede abandonarla, se solicita apoyo a otros efectivos, aunque tengan que desplazarse desde más lejos. Una lógica operativa que prioriza a las personas por encima de cualquier otro factor y que permite sostener la respuesta incluso en los momentos de mayor presión.
Por ahora, este crítico episodio ha quedado atrás. Con la progresiva bajada del caudal y la desactivación de las fases más intensas del dispositivo, la ciudad comienza a recuperar cierta normalidad. El alcalde de Cuenca, Darío Dolz, trasladó públicamente su agradecimiento a todos los servicios municipales. Sobre todo, ha destacado especialmente la labor del Servicio de Bomberos de Cuenca, junto a Protección Civil y el resto de cuerpos implicados.
Un reconocimiento que pone el foco en un esfuerzo colectivo sostenido bajo presión y que recuerda que, aunque el agua haya retrocedido, detrás de cada jornada de lluvia hubo equipos trabajando sin descanso para evitar consecuencias mayores.
