DEPORTES

El baloncesto almanseño vuelve a latir de la mano de Radopakolo

La disolución del C.B. Almansa en 2024 puso punto final a una de las etapas más reconocibles del deporte local. Las dificultades económicas acumuladas durante las últimas temporadas hicieron inviable la continuidad del proyecto y abrieron un escenario de incertidumbre para jugadores, técnicos y familias. Más allá de la pérdida del equipo de referencia, la gran preocupación se centró en el futuro de la cantera y en la posibilidad de que cientos de niños y niñas se quedaran sin estructura para seguir practicando baloncesto.

jugadores celebrando ganar la Copa

La respuesta llegó desde un grupo de jóvenes vinculados al entorno del pabellón que decidió impulsar una entidad completamente nueva, con identidad propia y sin ataduras con el pasado. Así nació Rado Pakolo, que en pocas semanas logró reorganizar equipos, captar entrenadores y ofrecer continuidad a la práctica deportiva.

Actualmente el club supera los 300 jugadores de formación, una cifra que sostiene la actividad semanal y que ha devuelto la normalidad a las instalaciones municipales.

Desde el primer momento, los responsables de la nueva entidad marcaron distancias con la gestión anterior. La intención fue arrancar desde cero, tanto en el plano administrativo como en el modelo deportivo.

Transparencia presupuestaria, planificación realista y control del gasto forman parte del discurso fundacional de un proyecto que pretende crecer paso a paso, evitando repetir errores que terminaron por comprometer la supervivencia del club precedente.

Samuel Guardiola, uno de los organizadores, explica con contundencia esa voluntad de ruptura: “Este club nace nuevo y aprende de lo que pasó. No podíamos seguir el mismo camino ni asumir inercias que habían demostrado no funcionar. Apostamos por cuentas claras, responsabilidad y crecimiento sostenible”.

En su opinión, la confianza de las familias depende en gran medida de esa claridad. “Los padres necesitan seguridad y saber dónde están sus hijos. Si gestionas bien, el resto del trabajo deportivo resulta mucho más sencillo”, añade.

Samuel Gardiola tras ganar la Copa

La diferencia también se percibe en la pista. Rado Pakolo ha puesto en marcha una metodología de escuela orientada a la formación más profesional, con especial atención a la tecnificación individual desde edades tempranas.

Programas específicos de mejora técnica, seguimiento del rendimiento y coordinación entre categorías forman parte de una estructura que busca preparar a los jugadores para retos de mayor exigencia en el futuro. La base deja de entenderse únicamente como participación para convertirse también en desarrollo.

Guardiola subraya esa idea: “Queremos que los chicos disfruten, pero también que aprendan hábitos de trabajo, fundamentos y disciplina táctica. La tecnificación es clave si se pretende competir mañana”.

El dirigente insiste en que el objetivo no es acelerar procesos, sino acompañarlos de forma adecuada. “Se trata de dar herramientas para que cada jugador llegue hasta donde pueda, pero con una preparación seria”, concluye.

El impacto de este planteamiento ha sido notable entre la afición. El público joven se ha identificado rápidamente con la energía del nuevo proyecto y con su forma de comunicar.

Los seguidores veteranos, inicialmente más cautelosos, han ido acercándose a medida que comprobaban la estabilidad organizativa y la apuesta por el trabajo a largo plazo. La sensación de empezar de nuevo, pero con bases firmes, ha terminado por unir sensibilidades distintas.

En el apartado competitivo, el primer equipo ha ofrecido argumentos para reforzar esa corriente de apoyo. La conquista reciente de la Copa de Castilla-La Mancha, torneo que se celebra a mitad de temporada, supuso un impulso anímico para todo el entorno. El título sirvió para visibilizar el crecimiento del club y para enviar un mensaje claro: el proyecto no solo pretende sobrevivir, también quiere aspirar a metas ambiciosas.

Óscar Rumbo, organizador y jugador, relaciona directamente el éxito con la filosofía implantada desde la base: “Cuando estructuras bien el trabajo diario, los resultados terminan llegando. Este trofeo demuestra que el esfuerzo colectivo tiene recompensa”.

Para el almanseño, la clave está en la coherencia. “Estamos construyendo algo diferente, más profesional y más preparado. La gente empieza a verlo y por eso se siente parte”, afirma.

Oscar Rumbo recibiendo las medalla de la Copa

Con la cantera consolidada, un modelo económico prudente y una línea de formación centrada en la tecnificación, Rado Pakolo afronta ahora el reto de mantener el crecimiento sin perder la identidad que le permitió surgir en el momento más delicado.

Almansa ha pasado del temor a quedarse sin baloncesto a contemplar cómo una nueva generación toma el relevo con ideas propias. El balón vuelve a botar y, esta vez, lo hace mirando hacia adelante.

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