Dulcinea, el plan de la UCLM para la educación emocional de los menores
La salud mental se ha convertido de un tiempo a esta parte en un asunto de carácter público. La concienciación sobre la importancia de fomentar la educación emocional ha crecido de forma exponencial. En este sentido, los jóvenes juegan un papel clave como parte de una generación que equipara la salud física y la mental.
El Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025 elaborado por la Fundación FAD pone de manifiesto esta realidad. El 54,7 % de los jóvenes de entre 15 y 29 años afirman haber sufrido algún problema de salud mental en el último año. Sin embargo, solo uno de cuatro ha buscado ayuda profesional en algún momento.
En este sentido, la franja de entre 15 y 19 años es especialmente delicada. Los integrantes de esta franja, de acuerdo con el barómetro, sufren con más intensidad los malestares que los mayores de 19 años. Además, cuentan con redes de apoyo más débiles, que en ocasiones los llevan a una sensación de soledad no deseada.
La iniciativa de la UCLM: el programa Dulcinea
La UCLM toma parte por esta causa desde hace una década por medio del programa Dulcinea. Este plan representa una iniciativa de la Facultad de Educación de la UCLM en el Campus de Ciudad Real. El programa Dulcinea se fija como objetivo la educación emocional de los jóvenes preuniversitarios de Castilla-La Mancha.
El director del proyecto, Javier Cejudo, propone una metodología activa basada en evidencia científica: «Se utilizan dinámicas participativas, modelado emocional y actividades prácticas que favorecen las competencias intra e interpersonales y la inteligencia emocional», declara.

El programa Dulcinea actúa en dos frentes. Por un lado, forma al profesorado y le proporciona herramientas para trabajar la educación emocional en el aula. Por otro, se aplica directamente con el alumnado, de manera que lo que aprenden los docentes se refleja de forma coherente en la práctica educativa diaria.
Según Cejudo, «en la mayoría de los casos, tanto el profesorado como el alumnado presentan una formación limitada o poco sistematizada en educación emocional». Aunque existen nociones previas, rara vez hay formación estructurada, por lo que el programa supone un primer contacto organizado con estas competencias.
¿Qué quiere conseguir el proyecto?
Uno de los principales retos es la falta de formación previa del profesorado en educación emocional, lo que puede generar inseguridad al empezar. A esto se suman la falta de tiempo en el currículo, la carga de trabajo docente y las dificultades para integrar estas prácticas de forma continua en los centros.
La iniciativa Dulcinea busca mejorar el bienestar emocional, la salud mental y las habilidades sociales del alumnado, además de favorecer el clima en el aula y el bienestar del profesorado. Además, como subraya el director del proyecto, «el programa se evalúa de forma sistemática cada año», lo que ya ha permitido detectar avances en los varios aspectos del plan.
Por último, el programa Dulcinea incluye reuniones anuales con el profesorado para evaluar su desarrollo. «Los docentes participantes suelen proporcionar un feedback positivo», explica Cejudo. Estos destacan la utilidad práctica de las herramientas, su aplicación en el aula y la mejora en la relación con el alumnado.
