SOCIEDAD

Más allá del color: cómo interpretar las alertas meteorológicas

A las 12:30 horas de la mañana del pasado jueves 11 de febrero, todos los conquenses tornaron sus miradas hacia sus teléfonos móviles. En ellos apareció una alerta de Protección Civil, que avisaba a la población de la capital de provincia del riesgo de inundación en las proximidades del cauce del río Júcar. La notificación, tanto visual como sonora, forma parte del sistema de aviso masivo ES-Alert, y esta ha sido la primera vez que se ha activado en Cuenca.

A nadie le resultará extraño el concepto de “alerta” en el ámbito de la meteorología. Tampoco le será ajena la gradación de las mismas por niveles: verde, amarillo, naranja y rojo en función de su peligrosidad para el desarrollo de la sociedad. Al fin y al cabo, son términos que resuenan en los medios de comunicación prácticamente a diario. Pero, ¿alguna vez se han parado a pensar en qué significa cada uno de esos colores? ¿O en qué convierte a una situación de alerta en naranja y no en, por ejemplo, amarilla?

Alerta de Protección Civil enviada a través del sistema ES-Alert el pasado jueves en Cuenca. / Imagen: Cadena Ser

No son “alertas”, sino avisos meteorológicos

Lo primero que conviene aclarar es una cuestión terminológica. En España, el organismo responsable de emitir este tipo de comunicaciones es la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), la cual no habla oficialmente de “alertas”, sino de avisos por fenómenos meteorológicos adversos.

La diferencia no es baladí. El término “alerta” es normalmente asociado a una situación de emergencia inmediata, mientras que un aviso meteorológico es una herramienta preventiva. Su función es clara: informar con antelación suficiente a la población de la posibilidad de que se produzcan fenómenos que superen determinados umbrales. La propia AEMET explica en su guía de interpretación de avisos que el sistema está diseñado para comunicar riesgo, no para generar alarma.

La ordenanza por colores y su significado

En España, el sistema se articula en torno a un código de colores ya del todo familiar para la ciudadanía. El verde es el más fácil de entender de todos, puesto que indica ausencia de riesgo significativo. El siguiente es el amarillo, que señala la previsión de fenómenos meteorológicos potencialmente peligrosos, aunque habituales en esa zona y época del año. Pertenecen a esta categoría, por ejemplo, las rachas fuertes de viento, lluvias que puedan dificultar la circulación o nevadas moderadas. Es decir, fenómenos que pueden causar inconvenientes, pero sin un impacto generalizado en la población.

El nivel naranja es activado cuando los fenómenos meteorológicos previstos tienen la capacidad de producir daños materiales o personales significativos y de afectar al desarrollo normal de la vida cotidiana. Ya no se habla únicamente de incomodidades, sino de posibles inundaciones, cortes de carreteras o de caída de árboles o mobiliario urbano, entre otros. Que el aviso se torne en naranja implica una alta probabilidad de que se superen determinados umbrales críticos.

Por último, el nivel rojo es el más alto del sistema y está reservado exclusivamente para situaciones críticas. Según la AEMET, este implica la previsión de fenómenos de intensidad excepcional y con riesgo para la integridad física de las personas. Por ese motivo, en estos casos se llevan a cabo medidas como evitar desplazamientos, la suspensión de actividades y la activación de planes de emergencia.

Mapa de la AEMET informando sobre las lluvias torrenciales del pasado mes de septiembre. / Imagen: Cadena Ser

¿Quién establece el color?

La diferencia entre un nivel y otro no responde a una percepción subjetiva ni a la espectacularidad de las imágenes que puedan circular por las redes sociales. En su lugar, detrás de cada color existen umbrales técnicos concretos y cuantificados por la AEMET, que varían según el fenómeno meteorológico, la zona geográfica y la época del año. Por ejemplo, en el caso de la lluvia se tienen en cuenta parámetros como los litros por metro cuadrado acumulados en una, doce o veinticuatro horas.

Otro aspecto fundamental a tener en cuenta es que los umbrales no son iguales en todo el territorio nacional. Es decir, que lo que puede ser habitual en una zona montañosa no lo es en una región, por ejemplo, donde la nieve es raramente vista. Para evitar malentendidos, la AEMET publica estos umbrales de forma transparente, lo que permite entender que detrás de cada color hay cifras concretas.

Pero la meteorología no es una ciencia exacta

Sin embargo, en un mundo en el que todo está sujeto a las críticas, ni siquiera el sistema de avisos se libra de ellas. Una de las más habituales surge cuando se activa, por ejemplo, un aviso naranja o rojo y finalmente el fenómeno no alcanza la intensidad o gravedad esperadas, lo que lleva a pensar que las instituciones lo han “exagerado”.

Nada más lejos de la realidad. La predicción meteorológica trabaja con modelos probabilísticos, por lo que un aviso no garantiza que el fenómeno ocurra en cada punto exacto del territorio, sino que existe una probabilidad elevada de que se superen determinados umbrales en la zona afectada. El objetivo del sistema no deja de ser preventivo, así que es preferible advertir ante un riesgo probable que no hacerlo y dejar desprotegida a la población.

El papel de Protección Civil y el sistema ES-Alert

En el momento en el que la AEMET emite un aviso, la información se traslada a las autoridades competentes, como las comunidades autónomas, los ayuntamientos o los servicios de emergencia. Es en las situaciones especialmente graves cuando estas advertencias se complementan con mecanismos adicionales de comunicación, como el sistema ES-Alert.

Este sistema, gestionado por Protección Civil, envía notificaciones masivas a los teléfonos móviles que se encuentren en una zona concreta, independientemente de la compañía telefónica del usuario. A diferencia de los avisos meteorológicos habituales, ES-Alert se utiliza cuando el riesgo es inminente y requiere una acción inmediata por parte de la población. Por tanto, es importante no confundir ambos mecanismos.

Infografía de la AEMET en la que se explican los riesgos y medidas correspondientes a cada color. Fuente: AEMET.

Cómo interpretarlos correctamente como ciudadanos

La correcta interpretación de los colores no depende únicamente de la labor técnica de la AEMET, sino también de la cultura meteorológica de la ciudadanía. Cuando el aviso es amarillo, es primordial mantenerse informado y extremar precauciones a la hora de realizar actividades al aire libre o desplazamientos largos. En el momento en que este se convierte en naranja, se deben reconsiderar planes que impliquen riesgo. Por último, un aviso rojo obliga a la ciudadanía a seguir estrictamente las indicaciones de las autoridades.

Además, en un contexto tan mediático como el actual, donde los fenómenos extremos y las imágenes impactantes se difunden en cuestión de minutos, el riesgo de alarmismo convive con el de la banalización de la información. Por tanto, es fundamental consultar en todo momento fuentes oficiales, como la AEMET (tanto en su página web como en la aplicación) y contrastar la información en la medida de lo posible, un ejercicio más necesario que nunca cuando lo que está en juego es la integridad de la población.

Más allá del color: una cuestión de cultura meteorológica

El amarillo, el naranja y el rojo no son simples etiquetas cromáticas pensadas para captar la atención. Estas alertas forman parte de un sistema técnico complejo que combina datos, modelos matemáticos y experiencia profesional. Pero, al fin y al cabo, su eficacia radica en última instancia en cuán correctamente sean interpretadas por la población.

El color no es un titular llamativo, sino un código de riesgo. Entender qué significan realmente cada uno de ellos y qué criterios los sustentan permite a la población pasar de la reacción emocional a la interpretación informada. Porque, más allá del impacto que pueda causar en nosotros una notificación en la pantalla del móvil, la verdadera utilidad del sistema reside en que sepamos leer correctamente lo que esos colores están tratando de decirnos.

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