SOCIEDAD

Aumentan las cifras de personas que duermen delante de pantallas

Salir del trabajo, llegar a casa, cenar y acudir a las pantallas para ‘desconectar’ del estrés acumulado durante el día. Esa hoja de ruta es el patrón que se ha establecido en millones de personas durante los últimos años. Atrás queda la época en la que escoger leer un libro como última actividad antes de dormir era una opción recurrente.

Cada vez más frecuente ver pantallas en la cama

Las plataformas VOD (Video on Demand) y las redes sociales se han hecho con el monopolio del visionado nocturno, según fuentes americanas; el 85% de los adultos encuestados hace uso de los servicios de contenido bajo demanda antes de ir a dormir. El modelo del producto cambia si se indaga en una edad más temprana, las redes sociales son el campeón indiscutido de las noches en los adolescentes; el 83% de los jóvenes (entre 18 y 43 años) se expone a las pantallas justo antes de conciliar el sueño, y un 60-75% lo hace a través de redes.

Volviendo a lo anteriormente mencionado acerca de los libros, sería injusto no mencionar al verdadero sucesor de estos. La televisión analógica convencional fue la que estableció la costumbre de reunir a la familia en el salón, esperando una programación elegida por las cadenas, en busca de entretenimiento y de la tan demandada dopamina, que parece que se postula como seria candidata a ser la adicción del futuro entre la clase media-alta.

El salto de la TDT a las VOD y el binge-watching

¿Qué ha cambiado desde la televisión por TDT a las plataformas VOD? La distribución de la oferta. Hace 10 años se veía el programa, serie o película y al finalizar se hacía más evidente ver que era hora de acostarse. El panorama de la actualidad es muy diferente, ya que ahora la programación la decide el propio espectador.

Este fenómeno que producen las redes y plataformas se produce por la reproducción automática de episodios (el siguiente episodio empieza solo); el contenido es ilimitado y personalizado y no hay un horario fijo, lo que ya se conoce como “binge-watching”. Netflix es de las pocas plataformas que ha elaborado un mecanismo de detención automática cuando detecta un visionado exageradamente largo (“¿Aún sigues ahí?”), con el que el algoritmo puede suponer que el espectador/a se ha quedado dormido.

Esto es algo que mucha gente puede considerar como una gran ventaja o privilegio, pero si se analiza con detenimiento, las empresas (TikTok, Netflix, YouTube…) son las que tienen la sartén por el mango ahora; cuanto mayor es el tiempo de visionado, mayor es la cantidad de dinero que les pagan por la publicidad. Según la American Academy of Sleep Medicine, más del 50% de los adultos admite haber perdido el sueño por quedarse viendo series, y esto demuestra que el consumo nocturno del contenido bajo demanda está asociado con acostarse más tarde y menor duración de sueño.

El peligro de no dosificar el contenido

El máximo exponente son las series de éxito mundial; el estreno de Stranger Things 3 propició que 18,2 millones de cuentas vieran toda la temporada en los primeros 4 días en 2019, según cifras archivadas. A pesar de no disponer todavía de las cifras oficiales de la temporada más reciente por decisión de Netflix, los datos meten miedo; el minutaje acumulado de una temporada de Stranger Things ronda las 7 horas.

Consumir contenidos audiovisuales no tiene por qué ser algo nocivo; si se hace con la adecuada dosificación, se trata de un plan ideal para desconectar y disfrutar de los últimos coletazos del día, pero está claro que la dosis ideal es cada vez más difícil de equilibrar.

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