DEPORTES

Donde la disciplina se convierte en arte: 40 años de compromiso y vocación

En Cuenca, hay historias que no se miden en años, sino en constancia. La de la Academia de Danza Dolores Muñoz es una de ellas. Desde que abrió sus puertas el 8 de enero de 1986, este centro no solo ha formado bailarines, sino que ha construido una forma de entender la danza basada en el rigor, la vocación y la resistencia frente al paso del tiempo.

«Fue el primer centro privado dedicado exclusivamente a la enseñanza de la danza en nuestra ciudad».

Dolores Muñoz, fundadora y directora de la academia

En una época en la que las opciones eran limitadas, el objetivo era claro desde el inicio: que el talento local no tuviera que marcharse fuera en busca de oportunidades. «Que pudieran aspirar a recibir una formación profesional sin tener que desplazarse a otras ciudades en edades tempranas».

Dolores Muñoz junto a la entrada de la academia. Fuente: Dolores Muñoz

Ese propósito inicial no solo definió el nacimiento del centro, sino que ha marcado su trayectoria durante cuatro décadas.

Cuando seguir adelante era la única opción

No todo ha sido estabilidad. Si hay un momento que puso a prueba la supervivencia de la academia, fue la reforma educativa de los años 90 con la implantación de la LOGSE. La eliminación de la enseñanza libre dejó fuera del sistema a muchas academias en toda España. «Multitud de academias españolas tuvieron que cerrar sus puertas», explica Muñoz.

Alumnas de la Royal Academy of Dance. Fuente: Dolores Muñoz

Lejos de rendirse, el centro optó por adaptarse. En 1996, dio un paso decisivo al integrarse en la Royal Academy of Dance, lo que permitió mantener la formación reglada y elevar el nivel académico. A partir de entonces, los exámenes oficiales comenzaron a realizarse en el propio centro, ante tribunales internacionales, consolidando su proyección.

Esta apertura se amplió en 2016 con la incorporación a la Spanish Dance Society, reforzando la formación en danza española y flamenco. Dos hitos que transformaron una academia local en un espacio conectado con estándares internacionales.

Alumnas de danza española de la Spanish Dance Society. Fuente: Dolores Muñoz

A lo largo de estos 40 años, la danza en la ciudad ha cambiado al ritmo de las tendencias. «El baile va cambiando como la ropa», resume Muñoz. Sevillanas, zumba, ritmos latinos o danzas urbanas han ido ocupando el interés de distintas generaciones.

Sin embargo, la danza académica ha seguido otro camino, más exigente y menos inmediato. «Creemos que está bajando la demanda, por requerir un esfuerzo y un trabajo a largo plazo, sacrificado y exigente», señala. Frente a ello, observa una tendencia clara: «Prefieren actividades fáciles, que no exijan esfuerzo, disciplina y tanto compromiso».

En ese contraste lo efímero y lo constante es donde la academia ha construido su identidad.

Segundo premio a la Mejor Coreografía: «Huida». Certamen Talavera 2025. Fuente: Dolores Muñoz
Actuación de fin de curso «Titanic». Grupo Neoclásico. Fuente: Dolores Muñoz

Más allá de la técnica

La enseñanza que se imparte en sus aulas no se limita a la ejecución de pasos o coreografías. Es, ante todo, una educación en valores. «Disciplina, puntualidad, concentración, esfuerzo, compromiso, respeto…», enumera Muñoz, como si trazara el verdadero programa formativo del centro.

Esta filosofía se refleja también en su propia definición. «Somos el único centro privado cuya estructura docente corresponde a ser una ‘Academia’, no una ‘Escuela'», subraya, insistiendo en que los programas siguen modelos de conservatorio y están orientados a una formación profesional real. No se trata solo de aprender a bailar, sino de aprender a sostener un compromiso.

Y es que el trabajo diario encuentra su sentido final sobre las tablas. A lo largo del curso, la actividad combina formación técnica, preparación de exámenes oficiales, competiciones y colaboraciones con instituciones locales. Pero todo desemboca en un momento clave: la gala de fin de curso en el Teatro Auditorio de Cuenca. Este 2026 no será una edición cualquiera, sino la número 40.

«Intentaremos hacer algo especial dedicado a celebrar el gran logro de haber podido cumplir 40 años de actividad profesional».

Aunque, en realidad, la celebración va más allá de una fecha concreta. «Lo estamos celebrando cada día, al pasar por la misma puerta, a la misma clase… y seguir igual el día de mañana». La continuidad, en este caso, es el verdadero éxito.

Independencia y el reto del futuro

A lo largo de su historia, la academia ha mantenido una característica poco habitual en el ámbito cultural: la independencia. «Nunca hemos recibido una subvención, una ayuda, una beca», afirma su directora. Una circunstancia que ha marcado su identidad: «Hemos sido autosuficientes, y por ello, independientes».

Alumnas a punto de pasar su examen de la Royal Academy of Dance. Fuente: Dolores Muñoz
Actuación del grupo de danzas urbanas. Fuente: Dolores Muñoz

De cara al futuro, el reto no es solo económico, sino también cultural. Mantener viva una disciplina que exige constancia en una sociedad que prioriza lo inmediato no es sencillo. Aun así, Muñoz mantiene una convicción firme. «El valor, la autenticidad y su idiosincrasia perdurarán, porque son valores universales».

Cuarenta años después, la Academia de Danza Dolores Muñoz sigue en el mismo lugar donde empezó, pero con una historia que ha trascendido generaciones. Y con una idea que se mantiene intacta: que bailar, cuando se hace en serio, es mucho más que moverse. Es resistir.

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