La visión de una nueva generación en la caza
La caza sigue siendo una actividad profundamente arraigada en muchas zonas rurales de España, aunque su percepción social varía cada vez más entre generaciones y entre el mundo urbano y el rural. Para conocer cómo vive esta afición el relevo generacional del sector, hablamos con tres jóvenes cazadores de 22 años (Gabriel Poveda, Ricardo Cuenca y Rodrigo Carlavilla) sobre su relación con la caza, su visión del futuro y las críticas que rodean a esta práctica.
¿Cómo empezasteis a cazar y qué os atrajo de este mundo siendo tan jóvenes?
Según explica Gabriel, él y su hermano comenzaron desde pequeños gracias a su padre: “Pues empezamos mi hermano y yo desde críos gracias a nuestro padre. Al principio nos íbamos intercambiando entre mi hermano y yo para ir con él, hasta que me animé yo solo a seguir con esta afición. Nos fue enganchando todo el ambiente del campo, estar con mi padre disfrutando y aprender.”
En el caso de Ricardo, la tradición familiar y el contacto con los perros de caza fueron determinantes: “De siempre en mi casa hemos tenido perros de caza, tanto mi abuelo como luego mi tío y es esa la verdadera razón por la que salgo y me gusta tanto la caza. Me acuerdo cuando era pequeño de salir cada domingo con la ilusión de un niño chico a la puerta de mi casa cuando escuchaba que llegaba mi tío de caza para ver si había matado algo o solo el tiempo. Cuando tuve la edad me decidí a sacarme las licencias, también ayudaba que en el grupo de amigos hubiera más de un cazador ya y así poder más adelante compartir jornadas con ellos.”
Para Rodrigo, sus inicios también estuvieron marcados por el entorno familiar, ya que empezó a cazar por influencia de su padre y su abuelo.
¿Qué opinan vuestros amigos o gente de vuestra edad sobre que seáis cazadores?
“Pues somos tres amigos a los que nos gusta mucho la caza, y fuimos saliendo juntos algunos días. Al final de hablar del tema algunos amigos del grupo que no lo son se han ido interesando y nos han acompañado por curiosidad o por probar. Al final las hazañas y anécdotas que ocurren en el campo si no estas allí no las vives”, comenta Gabriel.
Para Ricardo, la percepción cambia mucho entre el ámbito rural y el urbano: “La gente del pueblo piensa que este tema está mucho más normalizado que en Cuenca, por ejemplo, siendo aun así una ciudad con tradición de caza. Cuando en la universidad te preguntan que qué has hecho el finde y les contestas que estar de caza, te miran raro y desconocen mucho cómo funciona este mundo. Se piensan que es un mundo de ricos, solo se quedan con el matar a un animal, desconociendo todo lo demás.”
“La gente que se ha criado en pueblos entiende esta actividad y la ven como algo natural, en cambio la gente que se ha criado en las ciudades suele ser más radical, debido principalmente al desconocimiento”, apunta Rodrigo.
¿Cuál ha sido la experiencia más intensa o memorable que habéis vivido durante una jornada de caza?
Para Gabriel, las experiencias más memorables suelen ser tanto los aciertos como los errores: “Hay muchas experiencias que se recuerdan sobre todo la primera pieza que abates en tu vida, incluso las que fallas que al final son las que no olvidas y de las que más recuerdas con los amigos después de terminar la jornada de caza.”
“La verdad que cada día que salgo por lo menos a nuestra cuadrilla nos pasa alguna historieta”, relata Ricardo, antes de recordar numerosas anécdotas compartidas con sus amigos. Sin embargo, la más inolvidable para él fue una especialmente dolorosa: “La experiencia que no se me va a olvidar en la vida fue cuando me cobraron por una liebre que cacé 100€, no sabía que en esa finca no se podían matar las liebres y después de que no le doy a nada voy y mato una.”
“El día que Ricardo abatió su primera corza”, recuerda Rodrigo entre risas.
¿Qué valores o enseñanzas os ha aportado la caza en vuestra vida personal?
“Pues sobre todo respeto, paciencia y aprender. También ser responsable porque al final estas con un arma y valorar mucho más la naturaleza”, asegura Gabriel.
Para Ricardo, la caza también implica compañerismo y aprendizaje constante: “A nivel personal la caza te aporta compañerismo, te hace abrir tu círculo y rodearte de gente que comparte tu pasión. Escuchando a personas que llevan tiempo aprendes mucho de campo, animales, naturaleza…que pienso que es un tema que se nos olvida, pero es importante recordar de dónde venimos.”
Rodrigo considera que esta actividad le ha enseñado a respetar la naturaleza, a comprender de dónde proceden los alimentos y a valorar la ética detrás de su consumo.
¿Cómo respondéis a quienes critican la caza o no la entienden?
Gabriel reconoce que prefiere evitar discusiones sobre el tema: “Al final es una cosa que no merece la pena discutir cada uno que opine lo que quiera. Lo que está claro es que mientras respeten nuestra afición y no intenten prohibírnosla, todo bien. Nosotros lo vivimos de forma tranquila y ya está.”
“Siempre contesto lo mismo. Animo a cualquier persona que la critique o desconozca a vivir una jornada de caza”, afirma Ricardo, que defiende que la experiencia directa cambia muchas percepciones. Además, reivindica el papel ecológico de la actividad cinegética en el control poblacional de especies y en la prevención de accidentes de tráfico provocados por fauna salvaje.
“Normalmente son personas que no son capaces de ver más allá de su discurso y lo mejor con ese tipo de personas es no decirles nada, en cambio, luego hay otras que están dispuestas a hablar y son capaces de ver los puntos de vista”, sostiene Rodrigo.
¿Creéis que la caza tiene futuro entre las nuevas generaciones? ¿Por qué?
“Sí, pero depende. Si la gente joven tiene contacto y lo conoce puede gustarle”, reflexiona Gabriel, aunque advierte de que iniciarse en este mundo es complicado sin tradición familiar.
Ricardo percibe un repunte del interés juvenil por la caza, especialmente gracias a las redes sociales y a asociaciones como Jocamancha, que organizan jornadas dirigidas a jóvenes y favorecen el relevo generacional.
“Depende de dónde vivan, la gente que viva en los pueblos probablemente la mantendrá, pero la de las ciudades no, porque cada vez existe una desconexión mayor entre la ciudad y el campo”, opina Rodrigo.
Si pudierais cambiar una cosa del mundo de la caza actual, ¿qué sería?
Gabriel cree que sería fundamental mejorar la imagen externa de la caza: “Pues que se entendiera mejor desde fuera y que no hubiera mala imagen porque al final no todos somos furtivos que nos gusta matar, a la mayoría nos gusta disfrutar del campo con familiares o amigos y sobre todo de nuestros perros y de los animales.”
En opinión de Ricardo, uno de los principales problemas es el furtivismo y la falta de control sobre determinadas prácticas ilegales en el campo.
“La envidia”, responde Rodrigo con rotundidad.
En conjunto, las respuestas de Gabriel, Ricardo y Rodrigo reflejan cómo la caza sigue encontrando relevo entre los jóvenes vinculados al medio rural, donde tradición, convivencia con la naturaleza y sentimiento de pertenencia continúan siendo pilares fundamentales de una afición que busca mantener su espacio en las nuevas generaciones.
