CULTURA

Diez años de Zas!!Candil

Javi Collado reflexiona sobre la evolución del grupo y el auge actual de la música folk

Javi Collado, vocal de Zascandil. Foto: Collado Proyect

Zaskandil celebra este año una década de vida. Lo que empezó como un proyecto experimental entre amigos ha acabado convertido en una de las formaciones más activas en la recuperación y reinvención del folk. Hablamos con Javi Collado sobre el camino recorrido, la evolución del grupo y el presente de la música de raíz.

¿En qué momento os dais cuenta de que esto ya no era un proyecto puntual sino algo serio?

Empezamos con una formación distinta a la actual, y durante los dos primeros años estuvimos investigando mucho. Partíamos de músicas de distintos lugares y estilos, incluso haciendo mezclas bastante libres, como una jota con blues. Nos dimos cuenta de que eso funcionaba, de que a la gente le gustaba. A partir de ahí empezamos a tomárnoslo más en serio.

En mi caso, fue clave cuando me centré en los cancioneros de Cuenca y conocí a Eliseo Parra. Él nos ayudó a grabar un disco y a producirlo. Fue un punto de inflexión, porque vimos que lo que hacíamos tenía interés real. A partir de entonces empezó a crecer el proyecto, a venir más gente y todo se fue consolidando.

Trabajáis con música de raíz, pero en vuestros conciertos hay mucha energía, casi de fiesta. ¿Cómo encontráis ese equilibrio entre respeto y frescura?

La música de raíz, en realidad, está hecha para la fiesta y el baile, aunque también tenga otras funciones. Para nosotros, si tocamos es para que la gente baile. Además, queremos romper esa barrera entre público y escenario que se ha ido creando con el tiempo. Buscamos que el folk sea popular, accesible, que cualquiera pueda tocarlo o bailarlo sin etiquetas ni disfraces. Respetamos mucho el origen de las canciones, investigamos de dónde vienen, pero luego las reinterpre­tamos para llegar a todo tipo de público. Esa frescura está en cómo lo llevamos al escenario: la idea es que la gente lo disfrute bailando y cantando con nosotros.

En estos diez años, ¿ha cambiado vuestra forma de entender el folk?

Sí, ha cambiado bastante. Hemos aprendido mucho sobre el propio folclóre y también sobre cómo interpretarlo. Hemos incorporado técnicas de instrumentos que al principio no dominábamos, como la pandereta o el pandero. Además, hemos crecido a nivel musical: ahora buscamos canciones más ricas armónica y melódicamente. También nos hemos rodeado de gente que nos ha enseñado estilos y formas de tocar que no conocíamos. Todo eso nos ha hecho profundizar más en el folk de distintas zonas y, al mismo tiempo, darle nuestro propio carácter.

Diez años dan para cambios. ¿En qué se parece y en qué no se parece el Zaskandil de ahora al del principio?

Al principio intentábamos fusionar el folclore con músicas más contemporáneas. Con el tiempo, el proyecto ha evolucionado hacia una mayor conexión con la tradición oral, partiendo del cancionero tradicional, sobre todo de la provincia y la región.

Ahora seguimos manteniendo esa base, pero le damos una vuelta para que suene más fresco. También hemos incorporado elementos de la banda de música tradicional de Tarancón, que es muy importante en nuestro entorno. La idea ha sido siempre la misma: actualizar el repertorio tradicional para llegar a más público y entrar en otros circuitos, como festivales o salas con gente más joven.

¿Sentís que el folk está viviendo un buen momento o sigue siendo un poco trinchera?

Ahora mismo el folk está en un momento muy bueno. Ha dejado de ser algo minoritario y se ha vuelto casi “cool”. Se está mezclando mucho con otros estilos, incluso con electrónica, y eso está generando cosas muy interesantes.

Artistas como Rodrigo Cuevas o grupos como El Nido están llevando la música tradicional a festivales indie, y eso me parece genial. Cuando empezamos, éramos un poco raros: gente joven tocando jotas o seguidillas. Ahora eso se percibe de otra manera. Lo importante es que la música tradicional está en el centro, en el candelero, y eso ayuda a que siga viva, siempre que se respete su origen.

¿Quiénes han sido imprescindibles en este camino de los 10 años de Zaskandil?

Han sido imprescindibles todas las personas que han compartido música, escenarios y momentos con nosotros. Hay gente con mucha visibilidad que nos ha ayudado a crecer en medios y a abrir puertas, pero también otras personas menos conocidas que nos han enseñado canciones, técnicas y formas de entender el folclore. Y esas son igual de importantes.

También valoramos mucho poder estar en contextos muy distintos: desde televisión hasta tocar en un pueblo pequeño para 20 personas. Para nosotros todo tiene el mismo valor si sirve para difundir la música tradicional.

¿Dónde os veis dentro de otros diez años?

Es difícil saberlo. Ahora estamos centrados en este disco del décimo aniversario y en una gira bastante activa. Yo, personalmente, estoy también trabajando en formación: enseñando percusión, canto y llevando la música tradicional a centros educativos.

Me interesa mucho que las nuevas generaciones la conozcan y la valoren desde pequeños. La idea es seguir creando vínculos entre generaciones, para que esta música no se pierda y siga evolucionando. Porque al final es parte de nuestra identidad, y conocerla es también saber de dónde venimos.

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