CULTURA

El Quijote más grande de España está en La Roda

Gabriel Alarcón nació un 31 de julio de 1955, en La Roda. Actualmente, es presidente de la Fundación Quijote en su pueblo. Estudió hasta los 14 años y luego toda su educación se basó en leer libros porque para él, la sabiduría está ahí. Pintor, escultor y amante de la literatura. Un conjunto de cualidades que él reconoce «que lo hacen distinto». Explica sus pasiones desde la Posada del Sol, lugar donde hay varios Quijotes de la fundación.

¿En qué momento se encaminó en el mundo del arte?

Creo que antes de los veinte años con la pintura. Tenía una especie de taberna y no empecé con seriedad, pintaba sobre el Quijote cuando me apetecía. He podido plasmar sus personajes en más de 150 obras que tengo en casa. Aquí (en la Posada del Sol) hay cuatro estructuras que las regalé yo, se agradece a los distintos alcaldes que no pusieron ningún obstáculo y son todas de carácter cervantino.

¿Cómo compara el arte de hace 50 años con el actual?

Las artes van evolucionando, divisiones claras no creo que haya muchas y divisiones estéticas según lo que se perciba. Pueden pasar 100 o 200 años que se investigan las obras para entenderlas, como cuando Marcel Duchamp llevó un urinario llamado La fuente a una exposición y no lo aceptaron en su momento. El arte nos debe hacer una vida más agradable y completa, donde nos permita preguntarnos cosas que antes no nos cuestionábamos.

¿Qué técnicas utiliza?

Utilizo óleo en madera porque te permite hacer más cosas en ella, con un cincel de acero en una superficie plana le brinda relieve a la obra y ensamblar partes para darle vida. Me permite hacer trípticos, aunque sé que no los voy a vender porque casi nadie quiere una pieza de madera de cuatro metros y medio.

¿Qué tipo de arte frecuenta?

Pensé hace tiempo en dedicar una parte al Quijote y lo cervantino y otra parte a lo surrealista. La Mancha es muy áspera, el frío o el invierno fastidia todo lo que hay, mostrar la tierra tal cual como es no le interesa a la gente, no es atractiva. Yo le doy mucha más importancia a aquellos elementos que dominen la composición, el surrealismo ofrece posibilidades oníricas y mucho espacio.

¿Cómo es el proceso para que contacten con usted y pueda realizar donaciones artísticas a una localidad como La Roda?

Tengo un teléfono que es tan viejo que ya adolece de todo, aquí me conoce todo el mundo porque además de ser tabernero, luego estuve en la política como concejal de Cultura en los ochenta aquí en La Roda y ahora soy el presidente de la Fundación Quijote del pueblo.

¿Qué libros están en La Roda gracias a la Fundación Quijote?

Muchos Quijotes en varios idiomas, algunos alcanzarían las 5 cifras en euros si se llegan a vender, aunque al ser una fundación solo los compramos y los exaltamos. El más caro puede ser una versión de la Biblia de Gutenberg por aproximadamente 30.000 euros, si se subasta sería más cara aún. Los libros son importantes, el leer hace libres a las personas y la cultura también.

¿Qué es lo mejor de ser artista?    

Creértelo (risas), hay veces que te preguntas: «¿qué hago yo aquí?» Si estoy perdiendo el tiempo porque no tengo ninguna escuela o discípulo, yo lo veo más por el lado espiritual. Hay quienes les gusta la caza o los naipes y a mí el arte siento que me hace distinto.

¿Y lo peor?

Te brinda mucha libertad en contenidos de sexo y droga, puede llegar a ser una vida muy bohemia. Los franceses solían beber alcoholes fuertes a la hora de motivarse. No quiero decir que todos los artistas sean así, otros nos centramos en diferenciar por nuestro estilo, donde sin necesidad de firmar la obra podemos llegar a ser reconocidos.

¿Cuántas exposiciones ha realizado?

Creería que una docena larga, últimamente todos los años realizo al menos una, es parte de mi trabajo. También he colaborado con diputaciones, a veces me avisaban con una semana de antelación y tocaba echarle un poco de imaginación a la cosa. En una de las últimas que hice aquí en La Roda pude exponer 25 pinturas para un Hidalgo ingenioso, considerado uno de los Quijotes más grandes del mundo con casi 240 cm de altura, son 12 láminas que mezcla pintura, fotos y collage.

Una de las láminas de su obra «25 pinturas para un Hidalgo ingenioso» /
Foto: Samuel Quiñones
Portada de «25 pinturas para un Hidalgo ingenioso» / Foto: Samuel Quiñones

¿Hay alguna que recuerde o le tenga más aprecio?

Yo he hablado con Dios y con el diablo para las exposiciones, porque suelo realizar obras muy grandes. Necesito demasiado espacio y es muy difícil encontrar lugares así. Hay una que son 43 pinturas verticales y horizontales, pero solo la he expuesto una vez en el Monasterio de Fuensanta, donde incluso pudimos poner una escultura del Quijote en un pozo del siglo XVI.

¿Hay dificultades en la venta de arte actualmente?

Son pocos los artistas que puedan vivir de lo que hacen, es algo que no se acabará nunca. Las redes sociales facilitan la venta, luego están los profesionales que son de difícil acceso. Hay mucha obra buena que no verá la luz por los momentos económicos que pasamos.

¿Qué les recomendaría a aquellos que quieren empezar su vida artística, pero no tienen el apoyo suficiente de sus padres?

No ser egocéntrico como Narciso que se ahoga en el agua por mirarse a sí mismo, no somos imprescindibles. Tenemos que partir con que llevamos poco, a veces no tendremos para los mejores materiales, pero lo más importante es la creatividad. Ahora hay más cultura de enseñanza y talleres, no hay que rendirse porque no hay otra postura que tomar, hay quienes me dicen que de pequeños les gustaba dibujar, yo les digo nunca es tarde para empezar tampoco y que puede ser difícil retomarlo, ¡pero hay que poner manos a la obra!

En definitiva

En un mundo que avanza con prisa y a menudo olvida sus raíces, Gabriel Alarcón emerge como un recordatorio manchego de que el arte y la lectura siguen siendo refugio y motor de libertad. Desde la tierra de los miguelitos, en La Roda, pinceles, madera y páginas cervantinas demuestran que la pasión no entiende de formación académica ni de reconocimiento inmediato, sino de constancia, identidad y amor por la cultura. Su legado, construido entre obras de más de dos metros y libros únicos, no solo engrandece el patrimonio local, sino que también lanza un mensaje universal donde la cultura no es un lujo, sino una necesidad que nos hace más libres y humanos.

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